La CSA Vega del Jarama en la Comunidad de Madrid: Mucho más que una cesta.
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Instituto de Economía, Geografía y Demografía / Consejo Superior de Investigaciones Científicas
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La CSA Vega del Jarama en la Comunidad de Madrid: Mucho más que una cesta.
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Como una iniciativa de producción agroecológica se convierte en un Tercer Lugar Agroalimentario
Fecha de publicación / Date de publication / Data de publicação
08.08.2026
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Las iniciativas que hoy identificamos como Terceros Lugares Agroalimentarios (TLA) no siempre nacieron con la intención de serlo. En muchos casos surgieron para responder a una necesidad muy concreta y, con el tiempo, fueron ampliando su impacto hasta convertirse en espacios de referencia para sus comunidades. Ese es el caso de la CSA Vega del Jarama.
Según cuentan sus gestores, el proyecto nació con un objetivo claro: facilitar el acceso de la población local a una alimentación de calidad —ecológica, de cercanía y de temporada— sin que su consumo dependiera de la capacidad económica de cada familia. Sin embargo, el desarrollo de la iniciativa fue mucho más allá de ese propósito inicial. Hoy la CSA no solo produce verduras ecológicas, sino también comunidad, aprendizaje, empleo digno y nuevas formas de relacionarse con el territorio. Precisamente por ello constituye uno de los ejemplos más representativos de Tercer Lugar Agroalimentario en la Comunidad de Madrid.
La CSA Vega del Jarama nació de la necesidad de ampliar el acceso a los productos ecológicos y de cercanía a una parte de la población que, de otro modo, difícilmente podría consumirlos. Según explica una de las dinamizadoras y gestoras del proyecto, los precios por kilo que se consiguen con este modelo llegan a ser un tercio de los que se ofrecen en el comercio especializado de las grandes ciudades, como Madrid. "Hay una parte elitista en cuanto a quién accede a esa comida", reitera uno de los agricultores.
Actualmente, los 140 núcleos familiares que forman parte de la asociación pueden beneficiarse de cestas variadas, ecológicas y de temporada. Además, las cuotas se adaptan tanto a la periodicidad con la que cada familia decide recibir las cestas como a su situación económica. "No queremos que nadie deje de participar en este proyecto por el dinero. (...) Existe esa cuota de solidaridad y lo que es (...) la economía social solidaria y generosa."
Este planteamiento responde a una visión de socialización de la alimentación, no su monetización. "Tampoco nos vamos a enriquecer (...), pero sí nos vamos a enriquecer humanamente de una forma de hacer. (...) No es un proyecto ostentoso y no queremos serlo, no queremos crecer (...)".
Sin embargo, el acceso a una alimentación de calidad es solo uno de los pilares que sostienen la iniciativa. Detrás de las cestas existe un proyecto construido sobre una serie de valores que atraviesan todas sus actividades. Como resumen sus gestores: "Velamos por el trabajo digno, cuidado de la tierra y de los recursos naturales (...), cuidamos a las personas trabajadoras, cuidamos de los animales con los que trabajamos, intentamos cuidar de la comunidad, estar en contacto... Entonces (...) es mucho más que una cesta."
Uno de esos valores es la dignificación del trabajo agrícola. La asociación mantiene dos puestos de trabajo que ofrecen unas condiciones poco habituales en el sector: contrato por cuenta ajena, salario digno, vacaciones remuneradas, días de descanso y otros derechos laborales. Todo ello es posible, explican, "porque detrás hay una comunidad que acompaña esos cuidados".
El mismo principio de cuidado se extiende también a los animales. Un ejemplo es la perra mastina, Tierra, que durante años trabajó en la finca. Cuando el animal envejeció, la comunidad decidió que había llegado el momento de "jubilarle". "¡Claro! (...) Tiene que tener una jubilación digna. ¡Es una compañera de trabajo!" Desde entonces, los socios se organizan para hacerse cargo de los paseos, la alimentación y la atención veterinaria de la perra.
El cuidado de la tierra constituye otro de los ejes fundamentales del proyecto. Según explica uno de los agricultores, la asociación nació con un modelo de producción integrado que combinaba la actividad hortícola con otras iniciativas capaces de enriquecer el agroecosistema y diversificar los ingresos, como el agrocompostaje y la producción de huevos. Sin embargo, ambas actividades tuvieron que abandonarse por "incompatibilidad legislativa" o por "falta de legislación". A ello se suma que la normativa exige inversiones muy elevadas que resultan inviables para un proyecto de estas dimensiones.
Aun así, la asociación trabaja para recuperar, al menos parcialmente, ese modelo integrado. Próximamente prevé reintroducir un pequeño número de gallinas y redimensionar el programa de agrocompostaje, que anteriormente se realizaba en la propia finca y prestaba servicio a varios municipios de la zona. En el futuro se desarrollará en otro espacio y con una menor cantidad de residuos, con el objetivo de recomponer parte del modelo agroecológico original.
Pero, si hay algo que realmente define a la CSA Vega del Jarama, son las relaciones humanas que nacen alrededor del proyecto. En todas las entrevistas aparece una palabra de forma recurrente: comunidad. Se destacan las relaciones personales que se construyen tanto dentro de la asociación como con el entorno, incluyendo agricultores locales "de toda la vida" y otros actores del territorio.
En la CSA Vega del Jarama, el trabajo es, en gran medida, sostenido por esta comunidad, que está formada tanto por los asalariados y dinamizadores, como por un grupo de voluntarios que asumen diferentes labores en el funcionamiento de la iniciativa.
Cada viernes, durante el reparto de las cestas, el local de la asociación se convierte también en un espacio de encuentro. Los voluntarios se reúnen allí para la elaboración de las cestas. Los socios van al local a recoger sus cestas. Las personas conversan, comparten experiencias y fortalecen vínculos que van mucho más allá del intercambio de alimentos. Lo mismo ocurre en las asambleas, encuentros y otras actividades colectivas que organiza la CSA. "Se crean lazos. (...) He aprendido a convivir también", explica una de las participantes.
Esta dimensión comunitaria llega incluso a eclipsar el propio producto para algunas personas. Una de las socias reconoce que, para ella, la cesta ha pasado a un segundo plano frente a las relaciones que ha construido dentro de la asociación:
"A ver, a mí concretamente me ha valido más la pena el conjunto de las personas, porque yo la verdura puedo coger muy poca (...). Entonces el ambiente que hay (...) cuando llegan los viernes y se junta allí mucha gente en el local, se sientan fuera en el patio a charlar... O por ejemplo el sábado que fuimos bastante gente, que tuvimos charlas, hicimos escritos, jugamos a juegos... Para mí es mejor eso que la verdura, que la cesta."
La dimensión comunitaria de la CSA también se refleja en muchas otras iniciativas, como la Feria Anual Agroecológica, un encuentro abierto de difusión del proyecto, o el Grupo de Consumo Interno, que complementa las cestas con productos de proximidad y apoya a otros pequeños productores.
La sigla CSA proviene de Community Supported Agriculture (agricultura sostenida por la comunidad), un modelo socioeconómico que ofrece mejores condiciones laborales a quienes trabajan la tierra, reparte los riesgos entre toda la comunidad y acerca a la población a alimentos de calidad y al propio territorio.
En teoría, un proyecto como la CSA Vega del Jarama puede ser viable, sostenible y sólido sin necesidad de subvenciones si alcanza las 100 cestas semanales. Sin embargo, la experiencia acumulada tras diez años de funcionamiento ha llevado a sus gestores a constatar que depender únicamente de las cestas no garantiza la estabilidad del proyecto.
Por un lado, las variaciones en el número de socios pueden poner en riesgo la continuidad de los puestos de trabajo de las personas agricultoras. Por otro, el desarrollo del proyecto ha puesto de manifiesto la importancia de una figura de dinamización como parte de los puestos fijos que deben existir. En la actualidad, este puesto sólo puede sostenerse gracias a la diversificación de actividades que generan nuevas fuentes de ingresos, ya sea mediante subvenciones o a través de iniciativas complementarias, como la creación de espacios formativos o de alojamiento.
Como explica una de las gestoras:
"Si podemos llegar a 100 cestas semanales, que nunca hemos llegado, el tope ha sido que hemos llegado a tener 85-87 o algo así, (...) podríamos tener tres personas trabajadoras, dos en huerta y la figura de dinamización. ¿Qué pasa? Que (...) después de 10 años, una constata que no puedes depender solo de las cestas, y dentro de los objetivos de la CSA sí está la formación. Bueno, pues démosle salida a actividades (...) que puedan centrarse en la figura de las personas agricultoras (...). ¿Por qué vamos a perder también los saberes de estas personas, de todas estas que se han perdido? ¡Sistematicemos esto! Diversifiquemos la renta de las personas agricultoras (...) haciendo de sus espacios de trabajo espacios formativos, vivenciales.”
Actualmente, los ingresos que sostienen el trabajo de la dinamizadora proceden de subvenciones obtenidas a través de iniciativas formativas y vivenciales, como el Laboratorio Agroecológico Rural (LAR). Este proyecto, desarrollado en un albergue público cedido por el Ayuntamiento (La Cerrada), ofrece inmersiones pedagógicas agroecológicas y acoge a estudiantes en prácticas del Programa Campus Rural.
El albergue también recibe voluntarios internacionales, personas que realizan estancias formativas de diferentes tipos y grupos interesados en conocer el modelo de la CSA. Junto con otras sesiones formativas y visitas organizadas por la asociación, estas actividades contribuyen a sostener gastos necesarios para el funcionamiento del proyecto, como la propia actividad agraria, la participación en ferias, presentaciones o encuentros.
Así, para mantener la actividad agraria y los puestos de trabajo, garantizar la sostenibilidad del proyecto y, al mismo tiempo, seguir fiel a sus principios de cuidado de las personas y del medio ambiente, la asociación ha ido ampliando progresivamente su ámbito de actuación. Esta diversificación no solo fortalece la viabilidad económica del proyecto, sino que también amplía su impacto territorial y favorece un mayor reconocimiento de su labor entre las redes y comunidades del sector.
La CSA Vega del Jarama atraviesa actualmente un período de balance interno. La ampliación de las actividades necesarias para sostener el proyecto ha hecho que algunos de los aspectos que fundamentan su funcionamiento hayan quedado parcialmente desatendidos.
La dinamizadora y gestora del proyecto reconoce que hay cuestiones que actualmente no se están haciendo todo lo bien que les gustaría: la acogida de las personas que llegan por primera vez, el contacto con posibles nuevos socios o la participación de las personas voluntarias. Con el objetivo de afrontar estos retos de forma colectiva, la asociación está promoviendo una serie de encuentros y reuniones para debatir, entre todos, el futuro del proyecto.
Mientras tanto, la CSA sigue apostando por iniciativas formativas y vivenciales, por la participación en redes como la Red de Fincas Agroecológicas o el Agroecology Partnership, por la creación de alianzas con municipios de la zona y por abrir sus puertas a todas aquellas personas interesadas en conocer y participar en el proyecto.
Quizá ese sea el mejor reflejo de lo que ha llegado a ser la CSA Vega del Jarama. Nació para facilitar el acceso a una alimentación ecológica, de cercanía y de temporada. Hoy, sin haberlo buscado, se ha convertido en un espacio donde se cultivan alimentos, conocimientos, relaciones humanas y nuevas formas de habitar el territorio.
Según cuentan sus gestores, el proyecto nació con un objetivo claro: facilitar el acceso de la población local a una alimentación de calidad —ecológica, de cercanía y de temporada— sin que su consumo dependiera de la capacidad económica de cada familia. Sin embargo, el desarrollo de la iniciativa fue mucho más allá de ese propósito inicial. Hoy la CSA no solo produce verduras ecológicas, sino también comunidad, aprendizaje, empleo digno y nuevas formas de relacionarse con el territorio. Precisamente por ello constituye uno de los ejemplos más representativos de Tercer Lugar Agroalimentario en la Comunidad de Madrid.
Los pilares de la CSA Vega del Jarama
La CSA Vega del Jarama nació de la necesidad de ampliar el acceso a los productos ecológicos y de cercanía a una parte de la población que, de otro modo, difícilmente podría consumirlos. Según explica una de las dinamizadoras y gestoras del proyecto, los precios por kilo que se consiguen con este modelo llegan a ser un tercio de los que se ofrecen en el comercio especializado de las grandes ciudades, como Madrid. "Hay una parte elitista en cuanto a quién accede a esa comida", reitera uno de los agricultores.
Actualmente, los 140 núcleos familiares que forman parte de la asociación pueden beneficiarse de cestas variadas, ecológicas y de temporada. Además, las cuotas se adaptan tanto a la periodicidad con la que cada familia decide recibir las cestas como a su situación económica. "No queremos que nadie deje de participar en este proyecto por el dinero. (...) Existe esa cuota de solidaridad y lo que es (...) la economía social solidaria y generosa."
Este planteamiento responde a una visión de socialización de la alimentación, no su monetización. "Tampoco nos vamos a enriquecer (...), pero sí nos vamos a enriquecer humanamente de una forma de hacer. (...) No es un proyecto ostentoso y no queremos serlo, no queremos crecer (...)".
Sin embargo, el acceso a una alimentación de calidad es solo uno de los pilares que sostienen la iniciativa. Detrás de las cestas existe un proyecto construido sobre una serie de valores que atraviesan todas sus actividades. Como resumen sus gestores: "Velamos por el trabajo digno, cuidado de la tierra y de los recursos naturales (...), cuidamos a las personas trabajadoras, cuidamos de los animales con los que trabajamos, intentamos cuidar de la comunidad, estar en contacto... Entonces (...) es mucho más que una cesta."
Uno de esos valores es la dignificación del trabajo agrícola. La asociación mantiene dos puestos de trabajo que ofrecen unas condiciones poco habituales en el sector: contrato por cuenta ajena, salario digno, vacaciones remuneradas, días de descanso y otros derechos laborales. Todo ello es posible, explican, "porque detrás hay una comunidad que acompaña esos cuidados".
El mismo principio de cuidado se extiende también a los animales. Un ejemplo es la perra mastina, Tierra, que durante años trabajó en la finca. Cuando el animal envejeció, la comunidad decidió que había llegado el momento de "jubilarle". "¡Claro! (...) Tiene que tener una jubilación digna. ¡Es una compañera de trabajo!" Desde entonces, los socios se organizan para hacerse cargo de los paseos, la alimentación y la atención veterinaria de la perra.
El cuidado de la tierra constituye otro de los ejes fundamentales del proyecto. Según explica uno de los agricultores, la asociación nació con un modelo de producción integrado que combinaba la actividad hortícola con otras iniciativas capaces de enriquecer el agroecosistema y diversificar los ingresos, como el agrocompostaje y la producción de huevos. Sin embargo, ambas actividades tuvieron que abandonarse por "incompatibilidad legislativa" o por "falta de legislación". A ello se suma que la normativa exige inversiones muy elevadas que resultan inviables para un proyecto de estas dimensiones.
Aun así, la asociación trabaja para recuperar, al menos parcialmente, ese modelo integrado. Próximamente prevé reintroducir un pequeño número de gallinas y redimensionar el programa de agrocompostaje, que anteriormente se realizaba en la propia finca y prestaba servicio a varios municipios de la zona. En el futuro se desarrollará en otro espacio y con una menor cantidad de residuos, con el objetivo de recomponer parte del modelo agroecológico original.
Pero, si hay algo que realmente define a la CSA Vega del Jarama, son las relaciones humanas que nacen alrededor del proyecto. En todas las entrevistas aparece una palabra de forma recurrente: comunidad. Se destacan las relaciones personales que se construyen tanto dentro de la asociación como con el entorno, incluyendo agricultores locales "de toda la vida" y otros actores del territorio.
En la CSA Vega del Jarama, el trabajo es, en gran medida, sostenido por esta comunidad, que está formada tanto por los asalariados y dinamizadores, como por un grupo de voluntarios que asumen diferentes labores en el funcionamiento de la iniciativa.
Cada viernes, durante el reparto de las cestas, el local de la asociación se convierte también en un espacio de encuentro. Los voluntarios se reúnen allí para la elaboración de las cestas. Los socios van al local a recoger sus cestas. Las personas conversan, comparten experiencias y fortalecen vínculos que van mucho más allá del intercambio de alimentos. Lo mismo ocurre en las asambleas, encuentros y otras actividades colectivas que organiza la CSA. "Se crean lazos. (...) He aprendido a convivir también", explica una de las participantes.
Esta dimensión comunitaria llega incluso a eclipsar el propio producto para algunas personas. Una de las socias reconoce que, para ella, la cesta ha pasado a un segundo plano frente a las relaciones que ha construido dentro de la asociación:
"A ver, a mí concretamente me ha valido más la pena el conjunto de las personas, porque yo la verdura puedo coger muy poca (...). Entonces el ambiente que hay (...) cuando llegan los viernes y se junta allí mucha gente en el local, se sientan fuera en el patio a charlar... O por ejemplo el sábado que fuimos bastante gente, que tuvimos charlas, hicimos escritos, jugamos a juegos... Para mí es mejor eso que la verdura, que la cesta."
La dimensión comunitaria de la CSA también se refleja en muchas otras iniciativas, como la Feria Anual Agroecológica, un encuentro abierto de difusión del proyecto, o el Grupo de Consumo Interno, que complementa las cestas con productos de proximidad y apoya a otros pequeños productores.
La expansión hacia un Tercer Lugar
La sigla CSA proviene de Community Supported Agriculture (agricultura sostenida por la comunidad), un modelo socioeconómico que ofrece mejores condiciones laborales a quienes trabajan la tierra, reparte los riesgos entre toda la comunidad y acerca a la población a alimentos de calidad y al propio territorio.
En teoría, un proyecto como la CSA Vega del Jarama puede ser viable, sostenible y sólido sin necesidad de subvenciones si alcanza las 100 cestas semanales. Sin embargo, la experiencia acumulada tras diez años de funcionamiento ha llevado a sus gestores a constatar que depender únicamente de las cestas no garantiza la estabilidad del proyecto.
Por un lado, las variaciones en el número de socios pueden poner en riesgo la continuidad de los puestos de trabajo de las personas agricultoras. Por otro, el desarrollo del proyecto ha puesto de manifiesto la importancia de una figura de dinamización como parte de los puestos fijos que deben existir. En la actualidad, este puesto sólo puede sostenerse gracias a la diversificación de actividades que generan nuevas fuentes de ingresos, ya sea mediante subvenciones o a través de iniciativas complementarias, como la creación de espacios formativos o de alojamiento.
Como explica una de las gestoras:
"Si podemos llegar a 100 cestas semanales, que nunca hemos llegado, el tope ha sido que hemos llegado a tener 85-87 o algo así, (...) podríamos tener tres personas trabajadoras, dos en huerta y la figura de dinamización. ¿Qué pasa? Que (...) después de 10 años, una constata que no puedes depender solo de las cestas, y dentro de los objetivos de la CSA sí está la formación. Bueno, pues démosle salida a actividades (...) que puedan centrarse en la figura de las personas agricultoras (...). ¿Por qué vamos a perder también los saberes de estas personas, de todas estas que se han perdido? ¡Sistematicemos esto! Diversifiquemos la renta de las personas agricultoras (...) haciendo de sus espacios de trabajo espacios formativos, vivenciales.”
Actualmente, los ingresos que sostienen el trabajo de la dinamizadora proceden de subvenciones obtenidas a través de iniciativas formativas y vivenciales, como el Laboratorio Agroecológico Rural (LAR). Este proyecto, desarrollado en un albergue público cedido por el Ayuntamiento (La Cerrada), ofrece inmersiones pedagógicas agroecológicas y acoge a estudiantes en prácticas del Programa Campus Rural.
El albergue también recibe voluntarios internacionales, personas que realizan estancias formativas de diferentes tipos y grupos interesados en conocer el modelo de la CSA. Junto con otras sesiones formativas y visitas organizadas por la asociación, estas actividades contribuyen a sostener gastos necesarios para el funcionamiento del proyecto, como la propia actividad agraria, la participación en ferias, presentaciones o encuentros.
Así, para mantener la actividad agraria y los puestos de trabajo, garantizar la sostenibilidad del proyecto y, al mismo tiempo, seguir fiel a sus principios de cuidado de las personas y del medio ambiente, la asociación ha ido ampliando progresivamente su ámbito de actuación. Esta diversificación no solo fortalece la viabilidad económica del proyecto, sino que también amplía su impacto territorial y favorece un mayor reconocimiento de su labor entre las redes y comunidades del sector.
De aquí al futuro: los desafíos que les esperan
La CSA Vega del Jarama atraviesa actualmente un período de balance interno. La ampliación de las actividades necesarias para sostener el proyecto ha hecho que algunos de los aspectos que fundamentan su funcionamiento hayan quedado parcialmente desatendidos.
La dinamizadora y gestora del proyecto reconoce que hay cuestiones que actualmente no se están haciendo todo lo bien que les gustaría: la acogida de las personas que llegan por primera vez, el contacto con posibles nuevos socios o la participación de las personas voluntarias. Con el objetivo de afrontar estos retos de forma colectiva, la asociación está promoviendo una serie de encuentros y reuniones para debatir, entre todos, el futuro del proyecto.
Mientras tanto, la CSA sigue apostando por iniciativas formativas y vivenciales, por la participación en redes como la Red de Fincas Agroecológicas o el Agroecology Partnership, por la creación de alianzas con municipios de la zona y por abrir sus puertas a todas aquellas personas interesadas en conocer y participar en el proyecto.
Quizá ese sea el mejor reflejo de lo que ha llegado a ser la CSA Vega del Jarama. Nació para facilitar el acceso a una alimentación ecológica, de cercanía y de temporada. Hoy, sin haberlo buscado, se ha convertido en un espacio donde se cultivan alimentos, conocimientos, relaciones humanas y nuevas formas de habitar el territorio.
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CSA Vega del Jarama
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IEGD / CCHS / CSIC Vielka Rodríguez
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Idioma - Langue - Lingua
- Español
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Temática / Thématique / Tema
Tipología de las inicitativas / Typologie des initiatives / Tipologia das iniciativas